Investigadores de la Universidad de Rochester han desarrollado un método para que tubos de aluminio extremadamente delgados, de apenas un quinto de pulgada de diámetro, floten incluso si sufren daños o agujeros, al atrapar burbujas de aire de manera segura en su interior. La técnica, publicada en la revista Advanced Functional Materials, permitiría ensamblar estos tubos en estructuras más grandes para plataformas flotantes o dispositivos que aprovechen la energía de las olas del océano.

El principio se basa en la superhidrofobicidad, una propiedad que hace que la superficie del aluminio repela el agua. Los científicos lograron esto mediante un grabado químico de micro-hoyos en los tubos, que impiden que el agua penetre y mantienen el aire atrapado, conservando la flotabilidad. “Incluso cuando se lanzan o se perforan, los tubos siguen flotando”, afirmó el profesor Chunlei Guo, líder del estudio.

Esta innovación podría aplicarse tanto en grandes infraestructuras oceánicas como en objetos más cotidianos, como sillas flotantes para piscinas. Expertos externos, como Andreas Ostendorf de la Ruhr-Universität Bochum, destacan el potencial disruptivo de la técnica y su aplicabilidad en múltiples campos de la ingeniería.

La superhidrofobicidad ya se observa en la naturaleza: arañas de campana submarina y hormigas de fuego repelen el agua para sobrevivir bajo el agua o durante inundaciones. Aunque esta propiedad ha sido conocida durante décadas, su aplicación práctica ha sido limitada, con algunos usos en recubrimientos médicos para prevenir corrosión o infecciones bacterianas.

Los investigadores consideran que esta innovación abre un camino hacia nuevas aplicaciones flotantes y energéticas, aprovechando la ligereza del aluminio y su capacidad para mantener el aire atrapado incluso bajo condiciones adversas.