Alcoa quiere evitar a toda costa las importaciones de aluminio procedente de Rusia y plantea un lobby en Estados Unidos. Además, la multinacional reclama al Gobierno de Joe Biden sanciones al aluminio ruso como parte de la batería de medidas sancionadoras por la invasión de Ucrania.

Alcoa cortó sus compras a proveedores rusos ya en el pasado mes de marzo, semanas después de que se consumase la invasión de Ucrania. De hacerse efectivo, la Casa Blanca dejaría en fuera de juego al segundo mayor productor de aluminio del mundo, solo superado por China.

El veto al aluminio ruso se quedó fuera de la batería de sanciones que la administración Biden aplicó en el mes de marzo a productos energéticos como la gasolina a fin de evitar una mayor subida de precios para los consumidores.

También Alcoa ha solicitado a la London Metal Exchange, la plaza de referencia para la negociación de materias primas en Europa, que elimine el aluminio ruso.  Tras la anexión de Rusia de cuatro regiones ucranianas hizo que su cotización subiera pasando de los 2.100 dólares la tonelada en el que se movía a finales de septiembre a los 2.250 dólares actuales.

En un comunicado emitido por RUSAL refuta en los términos más enérgicos cualquier sugerencia de que está planeando entregar grandes cantidades de metal en la LME, en Europa, los Estados Unidos o en cualquier otro lugar. “El libro de ventas de RUSAL es sólido y la compañía no tiene necesidad de entregar metal a los almacenes de LME”, añaden desde la compañía rusa.