La inestabilidad geopolítica en Oriente Medio y las interrupciones en rutas clave como el estrecho de Ormuz han vuelto a poner en evidencia la dependencia europea de los flujos internacionales de aluminio. Esto ha reactivado en la Unión Europea la discusión sobre el papel del comercio exterior de materiales reciclados dentro de su estrategia industrial.
Recycling Europe señala que el sector del aluminio reciclado mantiene un equilibrio mayoritario dentro del mercado comunitario: alrededor del 80% se reutiliza en Europa, mientras que el 20% se exporta, sobre todo en calidades sin demanda interna suficiente.
La organización observa además un aumento de las exportaciones de productos semielaborados como lingotes y tochos, considerados también materiales críticos. Este movimiento coincide con una mayor actividad de las fundiciones europeas en mercados asiáticos, con Japón entre los principales destinos.
El sector relaciona esta evolución con la menor demanda en industrias clave como la automoción y la construcción, que atraviesan una fase de desaceleración. Esta debilidad del consumo interno empuja a parte de la producción a buscar salida fuera de Europa.
Las tensiones en Oriente Medio han añadido presión adicional al mercado. Las interrupciones en el suministro desde países del Golfo han elevado los precios de los productos semielaborados, lo que ha reforzado el atractivo de las exportaciones hacia Asia.
Recycling Europe rechaza cualquier restricción a la exportación de chatarra de aluminio. Defiende que el comercio internacional permite absorber materiales que no encuentran salida en el mercado europeo y evita desequilibrios en la cadena de reciclaje.
La organización advierte de posibles efectos negativos si se limitan estas exportaciones, como la reducción de inversiones o el cierre de empresas del sector, incluidas las que han incorporado tecnologías avanzadas.
Como alternativa, propone reforzar la competitividad industrial europea mediante medidas de defensa comercial frente a importaciones, siguiendo el modelo de Estados Unidos, donde la chatarra no está sujeta a restricciones.
A medio y largo plazo, el sector sitúa el foco en el coste energético. Reducir la diferencia de precios con otras regiones y asegurar energía competitiva y baja en carbono aparece como condición para mantener la producción y el reciclaje dentro de Europa.











