España implantará un nuevo sistema de devolución de envases a partir de noviembre de 2026, que afectará directamente a botellas, latas y otros recipientes de bebidas, con el objetivo de mejorar de forma sustancial las tasas de recogida y reciclaje en el país.

El cambio responde a los resultados insuficientes del modelo actual de recogida selectiva, basado en contenedores por fracciones, que no ha permitido alcanzar los objetivos marcados por la normativa de la Unión Europea en materia de gestión de residuos de envases. Según los datos más recientes, la recuperación de envases continúa por debajo de los niveles exigidos, especialmente en el canal de bebidas.

El nuevo esquema, conocido como sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR), obligará al consumidor a abonar un importe adicional al comprar bebidas en envases de hasta tres litros, incluyendo agua, refrescos, zumos o cerveza en latas y botellas. Ese importe, estimado en al menos 10 céntimos por envase, será reembolsado cuando el recipiente se devuelva en puntos de venta o máquinas habilitadas.

La normativa establece su puesta en marcha obligatoria al no haberse cumplido los objetivos de recogida fijados para 2023, lo que activa un plazo de dos años para su implementación. El objetivo es elevar la tasa de retorno hasta niveles cercanos al 90%, en línea con las metas europeas de economía circular y reciclaje de envases.

En el caso específico del envase metálico, tanto las latas de aluminio como los envases de acero se verán directamente integrados en este circuito de retorno, lo que podría tener un impacto relevante en su tasa de recuperación, actualmente situada en torno al 40% en el conjunto de envases de bebidas.

Este sistema ya está implantado en distintos países de la Unión Europea, como Alemania, Suecia o Dinamarca, mientras que otros se encuentran en fases de preparación o planificación avanzada. Algunos lo han adoptado de forma parcial o se encuentran en transición, como es el caso de Países Bajos, Reino Unido o Portugal.

Sin embargo, en España el desarrollo del sistema avanza con dificultades. Tal y como recogen distintas informaciones del sector, aún no están definidos aspectos clave como el modelo de gestión, la entidad responsable de su coordinación o la infraestructura necesaria para su funcionamiento a gran escala.

El despliegue supone además un reto logístico significativo, al requerir la adaptación de cientos de miles de puntos de venta y una red amplia de recogida en todo el territorio. Desde el sector se advierte de que los plazos podrían ajustarse debido a la complejidad normativa y operativa del sistema.