EL MUNDO DE LA LATA   

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Peter Durand


 

 

Estamos en los inicios del siglo XIX en Inglaterra. El país esta viviendo un desarrollo del maquinismo que da a su industria el impulso que le asegura la hegemonía económica y financiera. Por otro lado y pese a haber perdido su gran colonia de América del Norte, que se había independizado en 1783,  su extensa red de bases coloniales en los cinco continentes, dedicadas  más al comercio que a la posesión territorial, ha propiciado la mayor flota mercante del mundo, protegida por una poderosa marina de guerra. Mientras, la Europa continental se desangra en las guerras napoleónicas.

En Londres se había tenido conocimiento de los adelantos  que en la conservación de alimentos  suponía el método desarrollado por Nicolás Appert, consistente en calentar a 100 ºC los mismos en botellas herméticamente cerradas.  Peter Durand y su socio Auguste de Heine estudian el asunto, su olfato de investigadores pragmáticos que van buscando la utilidad de los nuevos progresos detecta las posibilidades del tema. Profundizan más en la realización práctica de este procedimiento y  constatan que es fundamental el diseño adecuado de los recipientes empleados.

En 1810 Peter Durand presenta al registro una patente que permite “preservar alimentos en vasos de cristal, cerámica, hojalata u otros metales ó materiales apropiados”. Su Majestad Jorge III se la concede. En ella explica en que consiste este vaso de hojalata, se trata de un cilindro cerrado por ambos extremos,  hecho de acero recubierto de estaño (hojalata) cuyas piezas se unen por soldadura. Durand se da cuenta de las grandes ventajas que representa este material frente al cristal usado por Appert: ligereza, irompibilidad, conductibilidad del calor, resistencia a la corrosión frente a otros metales...y  trabaja activamente en su proyecto, dedicándose a  ser un diligente propagador de la patente Así se convierte en el autentico padre del envase metálico y de la industria que lo fabrica.

Durand no llegó a hacer personalmente latas ni envasados. Fueron los ingleses Bryan Donkin y John Hall quienes haciendo uso de su registro empezaron a hacer ensayos montando un pequeño taller de conservas. En 1813 lograron un acuerdo con el gobierno británico y enviaron latas de alimentos a la Armada para pruebas. Se produjeron los primeros envíos a las colonias y llegaron así los botes al Canadá, Australia y a la isla de Santa Elena entre otras. En esta ultima Napoleón, que había promovido el desarrollo premiando a Nicolás Appert, estaba ahora prisionero. La fabricación de envases, en estos momentos estaba muy limitada, ya que toda la labor era manual y un buen artesano especializado en su ejecución fabricaba como máximo unas 60 unidades por día.

Muchos ingleses emigraban a América del Norte en estos años. Uno de ellos fue Thomas Kensett, el cual llevó consigo los nuevos conocimientos e instaló una fábrica de conservas en New York poniendo en el mercado ostras, carnes, frutas y verduras envasadas. Inicialmente usó frascos de cristal pero pronto conoció las ventajas de las latas de hojalata y  presentó  una patente conjuntamente con su suegro Ezra Daggelt que registraba la “preservación de alimentos en vasijas de hojalata” en Estados Unidos y que fue concedida por el presidente James Monroe en 1825.

A partir de estos hechos la industria de la conserva se extendió con gran fuerza en los dos continentes.

 

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