EL MUNDO DE LA LATA   

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UTILIDADES DE LAS CONSERVAS


 

 

Contra lo que se cree mucha gente, las conservas en lata no tienen conservantes, porque no los necesita, como no los necesita el aceite y el vino, Así el alimento, sea pescado, vegetal o carne, se mantiene puro e inalterable, con todo su valor alimenticio, energético y proteínico… además de todo su sabor.

Cuando se abre una lata de conserva y no se consume inmediatamente la totalidad, puede aguantar  varios días, incluso una semana, por el simple procedimiento de mantenerla en la nevera (no en el congelador).

A veces, cuando se ha abierto una lata de conserva, el contenido se ennegrece. No se alarme. No pasa absolutamente nada perjudicial para la salud. Se trata simplemente de que, al entrar en contacto con el aire, la superficie de la conserva sufre un proceso de oxidación que tan solo afecta al aspecto estético.

La lata nunca le ocasionará problemas de contaminación. Porque la hojalata de que está compuesto el envase suele venir recubierta por un esmalte inalterable. Y aún cuando éste se desprendiera y el metal se oxidara, ese óxido resultante es también inocuo, La lata no traiciona.  

Cuando abra una lata de conservas, no se le ocurra tirar el jugo que contiene, porque con él tiraría la mayor parte del contenido nutriente (proteínas y vitaminas) que contiene la conserva.

La lata es una buena amiga del ama de casa. No sólo le evita apuros a la hora de resolver rápidamente una comida, o le permite disfrutar de productos fuera de su temporada. También avisa sí, por algún acontecimiento extraordinario, el producto en su interior se ha deteriorado. Concretamente lo anuncia abombándose, hinchándose. Eso no tiene nada que ver con las simples abolladuras, resultado de golpes sufridos durante el almacenamiento o el transporte. 

Cuando utilice conservas enlatadas esté seguro de que consume unos productos que conservan todo su poder nutritivo original. Curiosamente, al contrario de lo que sucedía con esos suculentos potajes de nuestras abuelas, que hervían desde las nueve de la mañana a las tres de la tarde y que, por esta razón veían destruido todo su poder vitamínico. 

¿Es caro un producto conservado en lata? Veamos, por ejemplo, el caso del atún. Si lo adquiere fresco en el mercado, tendrá que prescindir de la cabeza, espinas, cola y raspa, con lo que perderá más de un tercio del peso. Cuézalo y habrá perdido otro tercio, además del tiempo y el gasto energético. La lata, lista para servir en la mesa, le resulta sin duda más económica.

Mientras permanezca cerrada, y eso puede ser durante mucho tiempo, una lata de conserva no necesita estar en la nevera. Le basta la despensa. Gracias a ello usted puede disponer de una enorme gama de alimentos preparados que no ocupan lugar ni dinero en su frigorífico (recuerde que por cada centímetro cúbico de su refrigerador usted paga en la factura de la electricidad).

La mayoría de las latas de conservas y bebidas refrescantes lleva hoy el sistema  de apertura fácil. Unos consejos para abrirlas cómodamente: asiente firmemente la lata sobre una superficie sólida, levante la anilla hasta superar la vertical, procurando que la raja inicial sea lo mayor posible. Haciendo palanca con el pulgar, tire firme pero suavemente hasta su total apertura. Es fácil. 

Conviene distinguir entre conservas y semiconservas. Estas últimas son alimentos enlatados (por ejemplo las anchoas) que no han experimentado el proceso de esterilización y, por tanto, tienen una menor duración y han de conservarse en sitio fresco (preferiblemente, en el frigorífico).  Pero la autentica conserva, aquella que está contenida en un envase “sanitario” esterilizado, no tiene tal exigencia. Su duración es prácticamente ilimitada y su garantía es absoluta. 

La garantía en el uso de las conservas, queda reflejada en las normativas sanitarias actuales de los diferentes países,  sobre las fechas de caducidad y consumo de alimentos. Las conservas no tienen fecha de caducidad, sino “de consumo preferente”. Con esta distinción clave, las administraciones  sanitarias refrendan legalmente la garantía sanitaria de las conservas enlatadas a lo largo del tiempo. La fecha de consumo preferente es, simplemente, eso: un periodo de tiempo (tres, cuatro años) durante el cual se estima que la conserva debe haber cubierto normalmente el ciclo de comercialización, pero  sin que ello signifique que su consumo posterior tenga ningún efecto negativo desde el punto de vista sanitario, o incluso de textura o sabor del producto contenido.

El hombre moderno ha descubierto la enorme utilidad de la conserva y, en general, de todo alimento o bebida refrescante en envase de hojalata. Entre lastas de conserva y bebidas refrescantes, está estadísticamente comprobado que los ciudadanos de los países desarrollados abren por término medio dos latas diarias.  Si a ello se añade la utilización de otros envases de hojalata (aerosoles para distintos usos, latas de aceite u otros productos para el coche, lastas de pintura, barnices, etc.)  y tapas y cierres de hojalata que utilizan envases de otros materiales, se comprende la enorme importancia de esta industria en el mundo actual.

 

Reproducción parcial del capitulo “Consejos útiles”  de “El libro de la lata” editado por la Siderurgia Española y AME. (Asociación Metalgrafica Española)

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