EL MUNDO DE LA LATA   

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ENVASE METÁLICO


La mejora del acero por medio de la cubrición de su superficie con estaño ha permitido magníficas aplicaciones desde que se conoce. Sin embargo tiene que ir emparejada de cerca con una asociación importante, la de los fabricantes de latas/usuarios de las mismas, quienes a su vez deberían de ser los guías de los consumidores. Tanto los fabricantes como los usuarios tienen que tener conocimientos sobre las características prácticas, pero básicas de la hojalata que determinan la estabilidad física y química de las latas desde la línea de estañado hasta los clientes de cualquier producto envasado y conservado en envases metálicos

Sólo el flujo recíproco de información entre fabricantes de latas y usuarios, permitirá el progreso técnico y económico, aportando un mayor conocimiento de la materia. Ambos deberían de esforzarse para informar a los consumidores sobre como utilizar las latas para disfrutar de alimentos conservados en su integridad y en el uso de productos industriales.

En la Baja Edad Media vio la luz la hojalata. Al principio solo era utilizada para hacer utensilios caseros, casi como materia prima de un cierto arte. Sobre todo fueron los británicos quienes rápidamente desarrollaron la técnica de “blanquear” el hierro. En los albores del siglo XIX, el descubrimiento de Appert, revolucionó el uso de este material. Gracias a su genio experimental, desarrolló su proceso de estabilizar alimentos en tarros de vidrio sellados, mediante tratamiento térmico. En 1810 publicó su famoso libro “El libro de todos los hogares o el arte de conservar todas las sustancias animales y vegetales durante varios años”.

Este proceso exigía envases perfectamente herméticos para su adecuado funcionamiento. Los británicos, y continuación los franceses no tardaron mucho en darse cuenta de que la hojalata era  la más adecuada para satisfacer el hermetismo total, debido a la virtud particular del estaño de poder soldarse sobre si mismo. Hacia 1820, se consiguieron las primeras latas de alimentos hechas de hojalata y demostraron su fiabilidad. Había nacido la industria de los alimentos en conserva, adquiriendo pronto una evolución acelerada, especialmente en Estados Unidos durante la Guerra de Secesión. La Primera y Segunda Guerra Mundial trajo en Francia e Inglaterra un importante desarrollo de los envases metálicos para alimentos, con el fin de proporcionar a las tropas una alimentación equilibrada en los campos de batalla.

Hay que destacar que el acero, compañero y base del estaño, se había beneficiado de considerables mejoras en sus cualidades químicas y mecánicas. El hierro se había convertido en acero durante la segunda mitad del siglo XIX. Los progresos conseguidos pocos años antes de la Segunda Guerra Mundial en las técnicas de laminado en frío dieron la posibilidad de proporcionar envases metálicos a las envasadoras, no solo en enormes cantidades y de forma económica, sino también de alta fiabilidad.

Hoy en día la fabricación de hojalata y su utilización se han convertido en algo común, conviviendo felizmente la tecnología y la ciencia. En cierto momento se temió que el precio muy alto del estaño podría causar su declive. Esta fue la razón de la aparición, hace ya casi medio siglo de materiales que reemplazasen a la hojalata como fue el T.F.S. Estos materiales, aunque basados también en laminados de acero, sin duda han encontrado aplicaciones masivas en el presente para hacer tapas y envases embutidos, pero la hojalata sigue teniendo un uso prioritario, difícil de sustituir.

Este éxito se basa por lo menos en cinco funciones esenciales de un envasado, a saber: protección, conservación, transportabilidad, capacidad de transformación en unidades y soporte para mensajes e información. La hojalata satisface estas condiciones en alto grado.

Los envases de hojalata incorporan la solidez y resistencia del acero. El metal soporta presiones y esfuerzos de un nivel elevado. Resisten muy bien los golpes recibidos durante su transporte y manejo. Las características magnéticas del acero permiten una selección fácil en el reciclado. Además es un material excelente para la soldadura eléctrica (como es el caso de la costura lateral de los cuerpos tres piezas), puede ser decorado y barnizado con facilidad y ofrece nuevas posibilidades de mejoras como es la incorporación de tapas del tipo “fácil apertura”.

La duración de las conservas (vida útil del contenido) alimenticias envasadas en latas constituye un gran triunfo. La hojalata permite la conservación durante largos periodos de tiempo gracias a su impermeabilidad total y al hermetismo garantizado por sus cierres. El envase de hojalata se adapta perfectamente a tratamientos de esterilización de diferentes tipos, proporcionando a los alimentos la estabilidad biológico final con la cual se retienen sus cualidades organolépticas, color, textura y sabor. El acero es un excelente conductor del frío y del calor. El uso de envases metálicos asegura la fiabilidad de los distintas técnicas de conservación de alimentos, tales como el envasado aséptico, al vacío, conservación a atmósfera controlada, etc. Los envases metálicos conservan su vacío o su presión interna durante años si es necesario.

A veces los envases de hojalata son criticados por no proporcionar siempre la estabilidad química necesaria, es decir muestran cierta tendencia a la corrosión. Sin embargo en relación con el número anual de latas que se llenan en el mundo, este problema es ínfimo. Es una realidad el que, al ritmo de producción de las plantas envasadoras, un caso de corrosión indefectiblemente acarrea un número significativo de latas desperdiciadas.

La dificultad reside a menudo en establecer cual es el origen de este fenómeno, puede ser el producto, los elementos constitutivos de la lata o el mismo proceso de envasado. Detallando un poco mas estas posibles causas se puede hacer mención a:

-       La idoneidad de la hojalata usada. No hay hojalatas buenas o malas, sino el saber elegir la adecuada para cada uso. Una elección correcta del espesor y sobre todo del estañado es fundamental.

-       El uso de la protección orgánica - barnices – idóneos para el producto a contener. 

-       Las características del producto contenido. La presencia excesiva de ciertos componentes puede ser decisiva, como  nitratos – causantes de un rápido desestañado – procedentes de fertilizantes agrícolas o del agua empleada, determinados plaguicidas ó insecticidas provenientes del cultivo, etc.

-       La presencia de oxigeno – aire – en el envasado es origen de problemas. Se encuentra principalmente en el “espacio de cabeza”, (hueco entre el producto y la tapa). El oxigeno es el enemigo declarado de la lata en lo que respecta a la corrosión. Igualmente es el enemigo de ciertos valores organolépticos y nutricionales del alimento (color, sabor, oxidación, envejecimiento). Hay tres técnicas o procedimientos para reducir la presencia de oxigeno en el interior de una conserva, que son: a) Llenado y cierre en caliente. b) Cierre con inyección de vapor. El vapor reemplaza al aire en el espacio libre. C) Cierre al vació.

-       El propio proceso en sí. Un mismo envase y un mismo producto puede dar problemas o no en función del proceso empleado. Tratamiento de aguas, vapor usado, manipulación del envase... son factores decisivos para obtener resultados adecuados.

-       Las condiciones de almacenamiento pueden ser también determinantes. Salto térmico, grado de humedad, corrientes de aire, calidad del embalaje usado... son otros sumandos de vital importancia a tener en cuenta.

El desarrollo pormenorizado de todas estas causas seria un trabajo de largísimo calado que se sale de las posibilidades de este artículo, aunque volveremos sobre alguno de estos puntos de forma concreta en otros trabajos. Hay una amplísima literatura sobre el particular. Si se puede decir a modo de resumen que es posible conseguir que el envase metálico actúe como un elemento químicamente estable durante su vida útil. Por ello sigue siendo después de casi dos siglos de historia un sistema ideal de conservación de alimentos.

 

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